CUCALANDREJO
Es evidentemente un animalejo. Hay muchos y viven en mi casa, aunque estoy segura de que hay otros en otras casas que viven ocultos y permanecen desconocidos para sus habitantes.
Son alegres y saltarines. Siempre dispuestos a acudir cuando de mimos, juegos y recompensas se trata. No para ellos, no. Ellos acuden cuando quiero mimar a mi amor, agradecerle, recompensarlo por ser bueno conmigo. Aparecen ansiosos, exaltados, se montan en la espalda de él y la recorren cariñosos haciendo un masaje o pegándole una rascadita.
A veces tienen una forma muy parecida a mis manos. Cuando se cansan, se van o se duermen en su espalda. No sé muy bien donde es que se meten luego.
Hay otros dias en que tienen forma de caballo o de gato, el más raro que he visto es el murciélago-forme. Eso sí, su tamaño nunca supera el de una mano.
MAMOFLILLO
Los mamoflillos tienen otro carácter. Muy parecidos en forma y colores, son los maestros cariñosos de la familia. Dice él que son buenos amigos de los arepínganos, pero de esos hablaremos más tarde.
Cada vez que equivoco el tono y cometo la torpeza de herir con la palabra, o cuando omito los deberes de la convivencia, vienen ellos con un dulce castigo de cosquillas a veces un poco molestas pero que, como sea, causan risa.
Un castigo no debe ser placentero porque entonces no es tal, no cumple su fin. Sin embargo los mamoflillos son capaces de reprender sin causar sufrimiento, de disciplinar sin agredir. Son los maestros de la cosquilla pedagógica.
Eso sí, es muy serio su carácter. Nunca reprenden en vano y saben que aprender con risa no es cuestión de chiste. Los mamoflillos a veces vienen en monturas inverosímiles:
Mamoflallo, mamoflello y mamoflante son, respectivamente, mamoflillos a caballo, en camello y en elefante.
No creo que pueda resistir las cosquillas de un mamoflante; mas bien me cuido de no "meter las patas" de tal forma que termine mereciéndolo.
sábado, 20 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
ENM-ARAÑ-ADA
No sé por qué carajos y a razón de cuales tomates se me ha venido a encajar un afán que me tiene absolutamente enmarañada.
¿Afán de qué? No pregunten. De todo y de nada.
De terminar la dichosa tesis de maestría que aplaaaazo y aplaaaazo por terminar primero los pendientes del trabajo que también aplaaaazo y aplaaazo porque antes hay que hacer la vuelta de la cédula que perdí, que no he podido reemplazar porque siempre que puedo pedir la cita, aplazo ese asunto ya que en mi agenda laboral nunca encuentro el rato para ir a la registraduría...
También tengo afán de terminar los arreglos del apartamento, de progresar en este trabajo que a ratos me cansa tanto y en el que a veces me veo haciendo pendejadas, pero que de paso no me deja tiempo para escribir; y tengo afán de escribir muchas cosas pero nunca las escribo porque tengo afán de terminar la tesis.
El problema no es querer terminar la tesis, escribir, cambiar de trabajo, estudiar más... el problema es que quiero hacer todo YA!...
¿Por qué? No pregunten. Por todo y por nada.
Quiero terminar la tesis YA porque así es mas fácil cambiar de trabajo YA y entonces me va a quedar mas tiempo para escribir YA y estudiar y ganar más plata y tener la finca en la que quiero vivir YA!.
Pero querer hacer todo YA no me deja hacer nada AHORA. Pico de todo y no termino nada, me culpo, me digo que soy sonsa e ineficaz, luego me perdono y me doy picos porque sea como sea, ni la sonsera ni la ineficiencia me quita lo buena persona que soy, sobre todo por amorosa con todo y con todos...
no me demoro mucho en volver a pensar que qué rabia con esta sonsa.
Entonces trato de escribir a ver si así se me ocurre alguna explicación para este afán de todo que no me deja hacer nada...
¿Serán los treinta?... JA! ¿si leyeron? ¿Que tal que me estuviera preguntando por los 80? Si voy a vivir tanto como la mayoría de los miembros de mi familia, a los noventa todavía tendré ánimos para torturar a mis amigos con mis escritos. Me quedan más de cincuenta años para terminar la tesis, escribir, trabajar, comprar la finca y disfrutarla... puedo tomarme mi tiempo.
¿Será la certeza de que me voy a morir combinada con la incertidumbre de la fecha? Podría morirme mañana... pero entonces, ¿qué demonios importa todo lo que trabaje hoy en escribir, asesorar a Sura, terminar la tesis, si igual no voy a terminar nada?
Debe ser que me falta alguno de los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Pero ahí si me toca confesar que he estado trabajando más en los hábitos de la gente altamente feliz, que son menos y más sencillos, pero se parecen a los primeros sobre todo en el cuarto, el quinto y el séptimo.
Como no encuentro respuesta trato de decirme que entonces deje simplemente la carajada y me dedique a cantar más, a jugar con jacobo y a escribir cuando quiera y no cuando crea que hay afán de hacerlo. Que las cosas irán pasando cuando tengan que pasar. Que sea feliz mientras tanto.
No sirve. Sigo teniendo afán y no sé de llegar a dónde y a qué hora, especialmente, antes de que pase qué.
La vida es muy cortica. Pienso. Pues sí, pero muy cortica como para ser testigo de...
de...
... iba a decir cambio climático, extinción de especies...
Si... es muy cortica. ¡Pero alcanza! y si no alcanza ¿entonces que importa?. Es mejor seguir siendo feliz sin afán, como he sido casi siempre.
Así que por el momento, no le voy a hacer caso al afán que no ha desaparecido a pesar de someter a mis pobres amigos a leerme cuando estoy enmarañada y me voy a bailar salsa... salgo corriendo porque es a las 6 y son las 5:40.
lunes, 8 de marzo de 2010
ANJANA
Las anjanas son personajes de la mitología cántabra. Son las hadas buenas de Cantabria, generosas y protectoras de las gentes. Son espíritus de los árboles encargados de cuidar de los bosques.
Se las ve paseando por los bosques y descansando en las orillas de los arroyos. Conversan con el agua, ayudan a los animales heridos, a los árboles partidos por las tormentas, a los enamorados, a aquellos que se extravían en la frondosidad del bosque, a los pobres y a los que sufren. Cuando pasean por los pueblos dejan regalos en las puertas de los que se lo han merecido...
Anjana. Así se llama esta Chimpancé que es ayudante el el instituto para la protección de especies raras y en vía de extinción de Carolina del Sur. Su labor es ayudar en la crianza de cachorros de grandes felinos. Ya ha ayudado con este puma bebé y también con unos pequeños tigrecitos blancos.
Yo no sé si el lector llore de emoción conmigo viendo estas imágenes y el video que además tiene unos coros africanos muy apropiados... bueno, ser tan llorón como yo es difícil. Pero esto reafirma la certeza de que los animales se nos adelantaron en eso de firmar el tratado de no agresión en situaciones de crisis.
Aquí, Anjana (el hada de los felinos) con sus nuevos hijos adoptivos, Shiva y Mitra
Anjana con sus cachorros y la cuidandera humana.
Anjana ostenta un título que envidio: Expert kitten-sitter.
sábado, 6 de marzo de 2010
EJERCICIO DE ESCRITURA
Esto salió de uno de esos talleres de escritura en que te dan unas tarjetas con frases inconexas y hay que sacar algo. Aclaro que el pato y el conejo si están entre mis peluches y quedo debiendo la foto.
El insumo:
y el pato
y el conejo
corren
tocan la bocina
Tengo un conejo de peluche. Se llama Rafael y lo traje de un viaje a Suiza. Se parece tanto a un conejo vivo, que asusta. El pato de mi colección de peluches en cambio, es un muñeco extravagante. Se desparrama en ternura con su moño de patitos y esa textura tan suave.
Pocos entienden mi gusto por los peluches. Soy tildada de loca e infantil por estar enamorada de los juguetes. Los pillo en comentarios y miradas burlonas.
Yo me cuido de no regalarle mis juegos a cualquiera , y el pato y el conejo no le cantan a todo el mundo, no corren al abrazo de todos, no tocan la bocina sino cuando ven a los amigos.
Los demás, a los que excluímos, ignoran que se pierden de la delicia (de la que yo gozo diariamente) de traer al alma las notas mas alegres de la infancia, de ser cómplices de los niños, de recordar las canciones de cuna.
También ignoran que somos, mis peluches y yo, y el pato y el conejo que corren y tocan la bocina, los más cuerdos, los menos propensos a caer en la locura de la hartera y en la ridiculez de la edad adulta.
El insumo:
y el pato
y el conejo
corren
tocan la bocina
Tengo un conejo de peluche. Se llama Rafael y lo traje de un viaje a Suiza. Se parece tanto a un conejo vivo, que asusta. El pato de mi colección de peluches en cambio, es un muñeco extravagante. Se desparrama en ternura con su moño de patitos y esa textura tan suave.
Pocos entienden mi gusto por los peluches. Soy tildada de loca e infantil por estar enamorada de los juguetes. Los pillo en comentarios y miradas burlonas.
Yo me cuido de no regalarle mis juegos a cualquiera , y el pato y el conejo no le cantan a todo el mundo, no corren al abrazo de todos, no tocan la bocina sino cuando ven a los amigos.
Los demás, a los que excluímos, ignoran que se pierden de la delicia (de la que yo gozo diariamente) de traer al alma las notas mas alegres de la infancia, de ser cómplices de los niños, de recordar las canciones de cuna.
También ignoran que somos, mis peluches y yo, y el pato y el conejo que corren y tocan la bocina, los más cuerdos, los menos propensos a caer en la locura de la hartera y en la ridiculez de la edad adulta.
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